ABACC, eje de la dinámica nuclear bilateral.

Renato Carlos
Sersale
di Cerisano
Embajador, Miembro de la
Comisión de ABACC Director
de Seguridad
Internacional,
Asuntos Nucleares y Espaciales
del Ministerio
de Relaciones
Exteriores, Comercio Internacional
y Culto de la República Argentina.
Los frecuentes encuentros
con colegas extranjeros en distintos foros
internacionales sobre no-proliferación
y desarme me recuerdan permanentemente
la verdadera dimensión de la ABACC
y su renovada consideración global.
Los promocionados desencantos que implican
las repetidas crisis nucleares y la desidia
con la que las potencias nucleares encaran
sus compromisos de desarmarse, tarde o
temprano obligan a la comunidad internacional
a rescatar casi en forma terapéutica
a la ABACC como un logro global.
El propio Secretario de los EE.UU., Colin
Powell, frente a la aparición de
nuevos programas nucleares clandestinos
y una red “comercial” de tecnología
nuclear vinculada a dichos programas, se
vio en la necesidad de mencionar los casos
de Argentina, Brasil, Sudáfrica,
Kazajstán y Ucrania para balancear
las críticas.
Sin profundizar sobre a quien corresponden
los aplausos, es bueno recordar que desde
la diplomacia y el multilateralismo se
han conseguido resultados sustentables
en materia de no-proliferación,
enfatizar únicamente los fracasos
puede resultar cuanto menos interesado.
Volviendo a la ABACC, está claro
que argentinos y brasileños aspirábamos
a mucho más que congraciarnos con
un mundo que había terminado de
aceptar la discriminación del TNP
como el menos malo de los remedios posibles.
La agencia simbolizó un cambio en
la percepción del otro que permitió comenzar
a recorrer el camino de la integración
regional. Se beneficiaron tangencialmente
la paz y seguridad internacional, pero
fundamentalmente ganaron los dos países.
El sometimiento a salvaguardias de nuestras
actividades nucleares redundó en
un mejor relacionamiento frente a terceros
y entre nosotros, estoy convencido de que
las únicas herramientas exitosas
de no-proliferación son aquéllas
que se aplican acompañadas del pleno
convencimiento de los Estados objetos de
las mismas. La adopción de compromisos
legales internacionales que implican la
renuncia a las armas de destrucción
masiva ha de ser ante todo el fruto de
un proceso interno.
Este proceso, para el caso de las rivalidades
regionales, necesariamente tiene que desarrollarse
en forma simétrica en los países
comprendidos. La Cuenca del Plata, por
su importancia geográfica, económica,
política y de seguridad fue el escenario
de una competencia secular entre el Imperio
Español y el Portugués. Esa
competencia continuó en los estados
sucesores, Argentina y Brasil. Si bien
esa competencia solo llegó a las
armas en una sola ocasión (1827),
existieron momentos de tensión y
vigilia armada. La cuestión es como
la subregión evolucionó hacia
la cooperación y la integración.
Ha señalado Celso Lafer que la
proximidad e inmediatez de los actores
alrededor de la Cuenca del Plata desarrolló un
contexto donde los eventos políticos
y económicos en cada país,
o las relaciones entre algunos de ellos,
causaban un impacto directo en los demás,
tanto en el ámbito doméstico
como en el de sus relaciones internacionales.
Existe una compleja interdependencia que
influye tanto en el conflicto como en la
cooperación.
A medida que se solucionaron las cuestiones
respecto al aprovechamiento de los ríos
que forman la Cuenca del Plata, estaban
dadas las condiciones para una integración
y cooperación duradera. La profundización
de los valores democráticos y la
racionalización de una evidente
comunidad de intereses hicieron el resto.
En otros escenarios regionales tales
como el Medio Oriente, la península
coreana, India y Pakistán, la proliferación
nuclear es un problema central. Se ha sostenido
que es natural pensar, entonces, en soluciones
regionales para estos problemas y evitar
nuevos casos de proliferación. Sin
embargo, como se ha dicho repetidas veces,
es prematuro extrapolar los éxitos
de nuestra región a otros escenarios.
La Argentina es un país nuclear
y entiende mantener esta variante activa
en su política energética.
Esta realidad, sumada a la competitividad
internacional de algunos productos locales
impone a la Argentina una política
abierta y consustanciada con el sistema
de salvaguardias que para nuestro caso
constituye el Acuerdo Cuatripartito. En
este contexto, la ABACC es parte de las
prioridades de la política exterior
argentina, pues su existencia nos hace
más previsibles y confiables, valores
que hemos asumido como indispensables si
se pretende jugar un rol preponderante
en el escenario mundial de los usos pacíficos
de la energía nuclear.
La sociedad nuclear que gestamos con
nuestros vecinos brasileños debería
sin embargo ir mucho más allá de
la mutua “verificación”.
En primer lugar, en lo que hace a la cooperación,
es evidente que a pesar de las dificultades
los dos países cuentan hoy con una
interesante base científico - tecnológica
y una respetable capacidad de gestión
de instalaciones nucleares, encontrándose
picos de excelencia en algunas actividades
precisas. Terreno fértil para avanzar
en proyectos conjuntos.
Además, los cambios bruscos de
tendencia experimentados por la nucleoelectricidad
en el ámbito planetario han tenido
su consecuente reflejo en nuestros países.
Ahora se plantean oportunidades y desafíos
que generan un nuevo escenario para la
convergencia nuclear argentino-brasileña.
Sobre la base de la confianza y transparencia
entre nosotros y hacia el resto del mundo,
contamos con las condiciones apropiadas
para avanzar hacia una mayor integración
de nuestros sectores nucleares, fortaleciendo
de este modo nuestra posición negociadora
en relación con las innovaciones
que se están analizando a nivel
internacional.
Pese a todo ello, la Agencia Argentino-Brasileña
de Aplicaciones de la Energía Nuclear
(ABAEN), es aún ficción pura
y se plantea como un desafío que
hoy parece superar a nuestros sectores
nucleares.
En el terreno de las salvaguardias internacionales,
desde la aprobación en 1997 del
Modelo de Protocolo Adicional a los acuerdos
de salvaguardias, se han registrado progresos
importantes tanto en la aplicación
de las nuevas medidas contenidas en el
Protocolo como en el área de su
integración con las medidas de salvaguardias "tradicionales".
Creo que el resultado del proceso en curso
debe ser un sistema de salvaguardias fortalecido
y más eficiente, aplicado de modo
no discriminatorio a todos los países
con obligaciones de salvaguardias similares.
Sobre la base de las mayores seguridades
que se obtendrán por la aplicación
del Protocolo Adicional, la integración
debe resultar en una verdadera reducción
del esfuerzo de verificación tradicional,
en una mayor eficiencia y en la neutralidad
de costos.
Para sintetizar, la ABACC es un ejemplo claro
de la importancia que nuestros países
asignan a la consolidación de la paz
y la seguridad internacionales y al compromiso
con la no-proliferación de armas de
destrucción masiva. La agencia se
inserta en una dinámica que no admite
estancamientos y nos plantea nuevos desafíos:
la concreción de una cooperación
nuclear largamente anunciada mas nunca ejecutada,
la puesta en práctica de las salvaguardias
integradas bajo el esquema de nuestro futuro
Protocolo Adicional al Acuerdo Cuatripartito
y una mayor coordinación en el plano
diplomático y técnico de los
foros internacionales nucleares en defensa
de nuestros intereses y preocupaciones comunes. |