Nº 02  febrero-mayo/2004
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ABACC, eje de la dinámica nuclear bilateral.


Renato Carlos
Sersale di Cerisano

Embajador, Miembro de la
Comisión de ABACC Director
de Seguridad Internacional,
Asuntos Nucleares y Espaciales
del Ministerio de Relaciones
Exteriores, Comercio Internacional
y Culto de la República Argentina.


Los frecuentes encuentros con colegas extranjeros en distintos foros internacionales sobre no-proliferación y desarme me recuerdan permanentemente la verdadera dimensión de la ABACC y su renovada consideración global. Los promocionados desencantos que implican las repetidas crisis nucleares y la desidia con la que las potencias nucleares encaran sus compromisos de desarmarse, tarde o temprano obligan a la comunidad internacional a rescatar casi en forma terapéutica a la ABACC como un logro global.

El propio Secretario de los EE.UU., Colin Powell, frente a la aparición de nuevos programas nucleares clandestinos y una red “comercial” de tecnología nuclear vinculada a dichos programas, se vio en la necesidad de mencionar los casos de Argentina, Brasil, Sudáfrica, Kazajstán y Ucrania para balancear las críticas.

Sin profundizar sobre a quien corresponden los aplausos, es bueno recordar que desde la diplomacia y el multilateralismo se han conseguido resultados sustentables en materia de no-proliferación, enfatizar únicamente los fracasos puede resultar cuanto menos interesado.

Volviendo a la ABACC, está claro que argentinos y brasileños aspirábamos a mucho más que congraciarnos con un mundo que había terminado de aceptar la discriminación del TNP como el menos malo de los remedios posibles. La agencia simbolizó un cambio en la percepción del otro que permitió comenzar a recorrer el camino de la integración regional. Se beneficiaron tangencialmente la paz y seguridad internacional, pero fundamentalmente ganaron los dos países.

El sometimiento a salvaguardias de nuestras actividades nucleares redundó en un mejor relacionamiento frente a terceros y entre nosotros, estoy convencido de que las únicas herramientas exitosas de no-proliferación son aquéllas que se aplican acompañadas del pleno convencimiento de los Estados objetos de las mismas. La adopción de compromisos legales internacionales que implican la renuncia a las armas de destrucción masiva ha de ser ante todo el fruto de un proceso interno.

Este proceso, para el caso de las rivalidades regionales, necesariamente tiene que desarrollarse en forma simétrica en los países comprendidos. La Cuenca del Plata, por su importancia geográfica, económica, política y de seguridad fue el escenario de una competencia secular entre el Imperio Español y el Portugués. Esa competencia continuó en los estados sucesores, Argentina y Brasil. Si bien esa competencia solo llegó a las armas en una sola ocasión (1827), existieron momentos de tensión y vigilia armada. La cuestión es como la subregión evolucionó hacia la cooperación y la integración.

Ha señalado Celso Lafer que la proximidad e inmediatez de los actores alrededor de la Cuenca del Plata desarrolló un contexto donde los eventos políticos y económicos en cada país, o las relaciones entre algunos de ellos, causaban un impacto directo en los demás, tanto en el ámbito doméstico como en el de sus relaciones internacionales. Existe una compleja interdependencia que influye tanto en el conflicto como en la cooperación.

A medida que se solucionaron las cuestiones respecto al aprovechamiento de los ríos que forman la Cuenca del Plata, estaban dadas las condiciones para una integración y cooperación duradera. La profundización de los valores democráticos y la racionalización de una evidente comunidad de intereses hicieron el resto.

En otros escenarios regionales tales como el Medio Oriente, la península coreana, India y Pakistán, la proliferación nuclear es un problema central. Se ha sostenido que es natural pensar, entonces, en soluciones regionales para estos problemas y evitar nuevos casos de proliferación. Sin embargo, como se ha dicho repetidas veces, es prematuro extrapolar los éxitos de nuestra región a otros escenarios.

La Argentina es un país nuclear y entiende mantener esta variante activa en su política energética. Esta realidad, sumada a la competitividad internacional de algunos productos locales impone a la Argentina una política abierta y consustanciada con el sistema de salvaguardias que para nuestro caso constituye el Acuerdo Cuatripartito. En este contexto, la ABACC es parte de las prioridades de la política exterior argentina, pues su existencia nos hace más previsibles y confiables, valores que hemos asumido como indispensables si se pretende jugar un rol preponderante en el escenario mundial de los usos pacíficos de la energía nuclear.

La sociedad nuclear que gestamos con nuestros vecinos brasileños debería sin embargo ir mucho más allá de la mutua “verificación”. En primer lugar, en lo que hace a la cooperación, es evidente que a pesar de las dificultades los dos países cuentan hoy con una interesante base científico - tecnológica y una respetable capacidad de gestión de instalaciones nucleares, encontrándose picos de excelencia en algunas actividades precisas. Terreno fértil para avanzar en proyectos conjuntos.

Además, los cambios bruscos de tendencia experimentados por la nucleoelectricidad en el ámbito planetario han tenido su consecuente reflejo en nuestros países. Ahora se plantean oportunidades y desafíos que generan un nuevo escenario para la convergencia nuclear argentino-brasileña.

Sobre la base de la confianza y transparencia entre nosotros y hacia el resto del mundo, contamos con las condiciones apropiadas para avanzar hacia una mayor integración de nuestros sectores nucleares, fortaleciendo de este modo nuestra posición negociadora en relación con las innovaciones que se están analizando a nivel internacional.

Pese a todo ello, la Agencia Argentino-Brasileña de Aplicaciones de la Energía Nuclear (ABAEN), es aún ficción pura y se plantea como un desafío que hoy parece superar a nuestros sectores nucleares.

En el terreno de las salvaguardias internacionales, desde la aprobación en 1997 del Modelo de Protocolo Adicional a los acuerdos de salvaguardias, se han registrado progresos importantes tanto en la aplicación de las nuevas medidas contenidas en el Protocolo como en el área de su integración con las medidas de salvaguardias "tradicionales". Creo que el resultado del proceso en curso debe ser un sistema de salvaguardias fortalecido y más eficiente, aplicado de modo no discriminatorio a todos los países con obligaciones de salvaguardias similares. Sobre la base de las mayores seguridades que se obtendrán por la aplicación del Protocolo Adicional, la integración debe resultar en una verdadera reducción del esfuerzo de verificación tradicional, en una mayor eficiencia y en la neutralidad de costos.

Para sintetizar, la ABACC es un ejemplo claro de la importancia que nuestros países asignan a la consolidación de la paz y la seguridad internacionales y al compromiso con la no-proliferación de armas de destrucción masiva. La agencia se inserta en una dinámica que no admite estancamientos y nos plantea nuevos desafíos: la concreción de una cooperación nuclear largamente anunciada mas nunca ejecutada, la puesta en práctica de las salvaguardias integradas bajo el esquema de nuestro futuro Protocolo Adicional al Acuerdo Cuatripartito y una mayor coordinación en el plano diplomático y técnico de los foros internacionales nucleares en defensa de nuestros intereses y preocupaciones comunes.



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